114.- 9 DE JULIO
Hace 198 años se declaraba la Independencia Nacional, en San
Miguel de Tucumán. Hasta allí habían llegado los diputados desde todo el
Virreinato en viajes incomodísimos, en carretas, en galeras, por caminos
empantanados y con una duración larguísima.
Hoy como ayer, la Nación se encuentra en la encrucijada de
decidir su futuro. La opción es una vez más la de mantener vivas las
instituciones republicanas o la de transformarnos en una especie de hazmerreír
internacional.
En el lugar donde Francisco Narciso de Laprida leyó el acta
de la Independencia, estará el primer Vicepresidente de la Nación procesado
judicialmente por múltiples actos de corrupción, muchos de ellos contra el
patrimonio nacional. Lo acompañará el Gobernador de la Provincia, casualmente
también complicado en un vergonzoso desempeño de sus funciones.
El pueblo, atónito, asistirá en pocos minutos, a la parodia
de festejar un hecho que está a distancias moralmente siderales de aquel grito
de Libertad e Independencia que daba nacimiento a nuestra querida República.
A pesar de ello y con la esperanza puesta en un nuevo cambio
fundacional ¡VIVA LA PATRIA!
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