116.- PIDO-GANCHO, NO JUEGO MÁS.
En algunos juegos infantiles tradicionales existe la frase “pido-gancho, no juego más”. Eso significa que el jugador indica expresamente que unilateralmente, en el acto, detiene y/o suspende los efectos y acciones relacionados con cualquier juego del que se estuviera participando.
Por ejemplo, si uno, en el juego "la escondida", se ha ocultado con tanta pericia que el tiempo pasa sin que nos hallen o bien si estamos perdiendo y no lo queremos aceptar, es lícito lanzar el "pido gancho" (enredando los dedos índice y anular) y hacerse ver, explicando que no respeta más las reglas expresas del juego.
Eso ha ocurrido con las recientes decisiones del Gobierno Nacional referidas a la deuda con un grupo de acreedores buitres o “holdouts”.
El gobierno argentino, durante la gestión de Néstor Kirchner, firmó aceptando la resolución de eventuales diferendos en el ámbito de la Justicia de los Estados Unidos. En todas las instancias, dicho Poder determinó sentencias que no resultaron favorables.
Ante estas decisiones, el gobierno argentino determinó no aceptar el resultado. Pensó que el Presidente Obama iba a presionar a los jueces para que resolvieran a nuestro favor. Ignoró una vez más – quizás por costumbres propias - la sabia división de los Poderes Públicos que rige en las verdaderas democracias.
Sumado a esa determinación, la Presidenta no ahorró palabras para agredir al juez que firmó la última sentencia, con un sentido más cercano al un matón que a una magistrada de tan alto nivel. Insistió en que la deuda no la contrajo este gobierno, ignorando que las responsabilidades de un estado no dependen de las personas que ejercen ocasionalmente el poder sino que tienen continuidad legal e histórica irrenunciables.
Para cerrar los últimos capítulos de esta novela trágica, ayer al hablar por la cadena nacional dijo que debíamos hablar de “nosotros” y no con el personalista “yo”. Acto seguido leyó un fragmento de un discurso de su esposo en el que usaba a cada paso la primera persona del singular (yo). De sus propias palabras no vamos  a opinar porque ya sabemos que sus alocuciones están sobrecargadas de un “yoísmo” en el límite de lo insoportable.
Nada dijo de la pésima gestión de nuestros funcionarios, que siguiendo sus expresas instrucciones aceleraron este resultado preanunciado. Al contrario, fueron felicitados públicamente desde el atril ante los fervorosos aplausos de la concurrencia que nos hizo recordar a los legisladores que reunidos en Asamblea Legislativa aplaudieron, de pie –algunos sobre las bancas- la entrada en default de diciembre de 2001.
Pido-gancho, no juego más.
 

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