121,- CUANDO HAYA QUE MIRARSE EN EL ESPEJO.

Todo proceso tiene sus ciclos evolutivos. Los históricos, también. Se originan, crecen, declinan, finalizan. Y todo esto se produce cíclicamente. No ha habido dictaduras que sean eternas. Sin embargo, periódicamente renacen. Con otros personajes, en otros ámbitos pero con métodos renovados y adaptados a cada circunstancia témporo- espacial.
Acallar la voz de los disidentes; intentar la unificación del pensamiento; mentir descaradamente; actuar con soberbia; creerse el propio relato como si fuera la verdad revelada; autoglorificarse en vida; llenar con sus nombres ciudades, calles, construcciones faraónicas y sobre todo conseguir un buen coro de aduladores. Todo eso y algún ingrediente que pueda agregarse, integran la fórmula mágica de los regímenes despóticos de todas las épocas y lugares.
En la Argentina del siglo XXI estamos asistiendo a la aplicación casi integral de las lecciones aplicadas en los imperios de la Antigüedad, en las persecuciones medievales, en el período de los soviets, en las campañas propagandísticas de los regímenes nazifascistas y llevadas a la práctica por los tiranuelos menores –pero no por eso menos siniestros- de África y Latinoamérica.
Como a todo régimen, el disfraz de la democracia le sienta bien. Nada mejor que unas elecciones ganadas y una oposición desbandada para hacer más creíble el libreto.
Y para señalar sin dudas las etapas del proceso nombradas al comienzo, empiezan a transitarse los últimos tramos de la declinación para llegar inexorablemente a la finalización del proceso, una vez más y para no desmentir el giro incesante de las agujas del reloj de la Historia de la Humanidad.
Para corroborarlo, aparece la paranoia de las amenazas a la gobernabilidad, las intenciones destituyentes, el descreimiento de las atrocidades que pueblan el planeta, la selección constante de enemigos internos y externos que no persiguen otra cosa que destruir un ciclo tan “exitoso”
Queda una duda. Cuando los que defendieron el “proyecto” y se fueron; y también los que siguen defendiéndolo a ultranza, vuelvan a mirarse frente a un espejo, ¿qué cara van a poner?    


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