165.- GANANCIAS

La semana ha finalizado en medio de anuncios, ampliaciones y aclaraciones sobre el mal llamado impuesto a las ganancias.
El tema tiene varias aristas.
En principio –como ya lo hemos comentado en esta página con anterioridad- debería revisarse todo el sistema impositivo argentino. Pues a lo largo de décadas se han ido superponiendo a manera de “parches” exigencias a los ciudadanos que llegaron casi al límite de la asfixia de las economías familiares. Algunas se instalaron transitoriamente y nunca fueron derogadas. Así pagamos, a veces sin darnos cuenta, cifras superpuestas: el IVA sobre cada producto que compramos; el impuesto al cheque al efectuar movimientos bancarios; el impuesto a los bienes personales (que pagan los que tengan un patrimonio de poco más de 300.000 pesos, cifra que se alcanza con un mini departamento y un pequeño auto); algunos los ingresos brutos, y finalmente el que está ahora en boga: el impuesto a las ganancias sobre los ingresos de un buen número de trabajadores y jubilados.
Cualquiera que consulte un diccionario podrá tener en claro que un sueldo no es una ganancia. Sin embargo el impuesto se ha instalado en lo que llamaríamos “el colectivo social” como si fuera normal pagar para trabajar.
Habitualmente las cifras del llamado mínimo no imponible era actualizado anualmente, pues este impuesto es de liquidación de enero a diciembre.
En los últimos años esa actualización no se llevó a cabo y como agravante se siguió una famosa “tablita” creada por el ex ministro Machinea que establecía escalas para determinar el porcentaje de aplicación de la imposición. Esa tablita no fue actualizada desde hace casi una década y media, con lo cual se aplica el mismo rango para el que gana en bruto 50.000$ que para el que gana cifras mucho más altas. Una verdadera inequidad que atenta contra las características de todo impuesto que debe ser proporcional, justo y equitativo.
Ahora bien, el Presidente anunció una actualización de la base mínima imponible que era muy baja, llevándola a una cifra de 30.000$, lo que equivale a un 160% de aumento con respecto a la aplicada hasta 2015.
No se modificaron, en cambio, las escalas de la “tablita”.
Eso lo ha dejado para que el Congreso las modifique y se apliquen a partir de enero de 2017.
Por supuesto que no es lo ideal. Pero ¿alguien se preguntó en qué condiciones financieras quedaron las arcas del Estado?
Ya el cambio dispuesto implica una disminución en los ingresos de 49.000 millones de pesos en el año.
En cualquier hogar nadie puede gastar más de lo que ingresa porque en algún momento se producirá el colapso.

Tuvimos la paciencia de soportar la inequidad de los últimos años. Han transcurrido sólo 60 días del nuevo gobierno. Tengamos ahora – aunque sepamos que dista del ideal-  la cuota de aceptación para esperar el segundo paso que será la revisión de las escalas y por qué no del sistema impositivo integral del país. 

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