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LO PEOR QUE PODRÍAMOS HACER
No hay duda sobre la falibilidad de los seres humanos. Los gobernantes de una república son personas y no monarcas teocráticos como los que tuvimos en los últimos 12 años.
Por eso no podemos repetir el error de creer que todo está bien. Sería el peor daño que podríamos hacer a la democracia.
Tampoco podemos dejar de reconocer las verdaderas causas que llevaron a esta emergencia energética inédita.
Es interesante el editorial de Alfredo Leuco en su programa radial de hoy, 15 de julio.
Lo compartimos.
Al país le falta energía. Macri lo dice a cada rato y eso quedó claro. La mayoría de los argentinos sabemos que la culpa de semejante agujero negro y mala praxis es del cristinismo. Han dejado un país saqueado y al borde de la quiebra por todos lados. Hay trampas cazabobos en cada ministerio. Pero la gran bomba de tiempo que hay que desactivar es la energía. Y el gran riesgo es que al presidente Macri y al gobierno de Cambiemos le explote en la cara. Es una bomba letal que hay que desactivar con una precisión de relojero. Porque sus esquirlas le pegan directo al bolsillo de los que menos tienen y a las clases medias y eso se transforma en dos minutos en malestar y protesta social.
Y eso es lo que pasó ayer. El cacerolazo de los vecinos independientes y los insultos amenazantes de los militantes kirchneristas movilizó a minorías intensas pero suficientemente notorias como para provocarle la primera derrota política al gobierno en siete meses. Este tipo de expresiones son subestimadas en general por un equipo que viene de la actividad privada y carece de experiencia y trayectoria militante. Eso les da otras virtudes y otros defectos. El gobierno perdió la iniciativa y quedó a la defensiva en el tema tarifazo. Arrancó mal y luego apeló a parches que no terminan de solucionar el problema. Semejante problema se intentó solucionar sin sensibilidad social y con inesperados errores técnicos y con cero muñeca política o creatividad comunicativa.
El cacerolazo lo provocaron con sus torpezas los integrantes de este gobierno. Y la gente en las calles es un cachetazo para cualquier gobierno. Y un cachetazo te puede despertar y obligar a poner más atención o afectar en tu estado de ánimo e intimidarte. Lo que no se puede es ignorar. Hay que escuchar los reclamos ciudadanos. Siempre. Aunque hayan sido fogoneados por Cristina que alimenta todo tipo de acción golpista porque no tiene otra salida para preservar su libertad. Un gobierno consolidado y en marcha sería el respaldo necesario para que algún juez meta presa a Cristina. Un gobierno con problemas de gobernabilidad y fragilidad les transmitiría sus miedos a los magistrados. En la justicia Cristina entendió que no tiene futuro. Por eso apuesta a poner palos en la rueda y sueña con voltear a Macri y que huya en el helicóptero. Es cierto que ayudaron a darle manija al reclamo callejero desde Víctor Hugo Morales hasta otros paraperiodistas que se hicieron millonarios con Cristina y sus cómplices. Pero ninguna protesta prende si no existe un motivo real.
Y ese motivo real existe. Muchas personas y comercios fueron sacudidos en su vida cotidiana por los aumentos de luz, gas y agua. Muchos no lo pueden pagar y eso los condena a la angustia permanente. No alcanza con lo que hizo el gobierno para cuidar a los que más sufren. No es suficiente que Macri diga que le duele en el alma o que impulsen las tarifas sociales. El gobierno tiene voluntad de cambio y hasta ahora funcionarios honestos dispuestos a luchar por la utopía de la pobreza cero. Eso es positivo. Y son muchas las medidas que han tomados en el buen rumbo. Pero les cuesta comprender la problemática de los sectores más vulnerables y algunos son analfabetos políticos. El presidente Macri haría bien en generar hechos que movilicen a la sociedad en objetivos positivos. Una epopeya nacional y una competencia entre escuelas, por ejemplo, para ver quien ahorra más energía. Instalar con campañas y voceros de la sociedad civil que ahorrar energía es hacer patria y ayudar a que se abran nuevas fuentes de trabajo. El gobierno debería pensar cada medida que toma parado en la realidad de los cinco millones de chicos pobres que dejó Cristina. Estudiar con rigurosidad como se los beneficia siempre y no se los perjudica nunca más. Ya fueron demasiado perjudicados. Más desarrollismo, más justicia social y más mística productiva. Eso se necesita.
Macri debe ampliar las bases de sustentación de su gobierno. Debe sumar en secretarías o en equipos asesores a gente que venga del radicalismo o del peronismo que lo apoya y lo respalda y que podría sumar la densidad o el volumen político que a esta administración le falta.
Urge una suerte de volantazo que refresque al gobierno. Que lo relance y lo revitalice. Ideas económicas en un plan bien diseñado que se vaya cumpliendo paso a paso.
Toda protesta es una luz de alerta en el tablero del gobierno. Un mensaje que debe decodificarse para rectificar lo que se hizo mal. Reconocer y no ocultar realidades como lo hizo durante 12 años el gobierno más corrupto de la historia democrática. Y lo cierto es que la economía está tardando mucho más de lo esperado en arrancar. Todo lo contrario hay números que son preocupantes. Y que anticiparon el fin de la luna de miel. La inflación núcleo sigue siendo alta y un hueso duro de roer. El índice anual según la Ciudad de Buenos Aires es de 47,1%, un verdadero despropósito. Los precios no encuentran freno y el gobierno no hace nada para frenarlos. La actividad va a caer 1,5% este año. Las suspensiones de las automotrices se mantendrán hasta fin de diciembre por lo menos. La industria cayó 5% en mayo. La construcción, 13 % en junio. Da la sensación que hay muchos ministros de economía y no hay ninguno. Es una orquesta que desafina porque tiene demasiados directores.
Nada de lo que digo es dramático. Hay simpatizantes de Macri y de Cambiemos que no quieren que hagamos críticas porque creen que eso ayuda al kirchnerismo. Y eso es justamente al revés. Es la descripción de la dura realidad lo que le permite al gobierno tomar nota y buscar remedios a todos los males. Chuparle las medias solo los hace insistir en el camino del error. El gobierno de Macri está pasando por un momento delicado. Se metió en un laberinto tarifario construido por ellos mismos. No hay que dramatizar porque todavía tiene un gran respaldo popular, buena imagen en las encuestas y una fuerte esperanza y expectativa de que el año que viene todo va a estar mejor. Pero insisto con mi mirada. Al país le falta energía. Y al gobierno, también. Les falta energía política y en forma urgente tiene solucionar ese problema. Un tropezón no es caída. Pero es un tropezón. Con perdón de la perogrullada.
Y eso es lo que pasó ayer. El cacerolazo de los vecinos independientes y los insultos amenazantes de los militantes kirchneristas movilizó a minorías intensas pero suficientemente notorias como para provocarle la primera derrota política al gobierno en siete meses. Este tipo de expresiones son subestimadas en general por un equipo que viene de la actividad privada y carece de experiencia y trayectoria militante. Eso les da otras virtudes y otros defectos. El gobierno perdió la iniciativa y quedó a la defensiva en el tema tarifazo. Arrancó mal y luego apeló a parches que no terminan de solucionar el problema. Semejante problema se intentó solucionar sin sensibilidad social y con inesperados errores técnicos y con cero muñeca política o creatividad comunicativa.
El cacerolazo lo provocaron con sus torpezas los integrantes de este gobierno. Y la gente en las calles es un cachetazo para cualquier gobierno. Y un cachetazo te puede despertar y obligar a poner más atención o afectar en tu estado de ánimo e intimidarte. Lo que no se puede es ignorar. Hay que escuchar los reclamos ciudadanos. Siempre. Aunque hayan sido fogoneados por Cristina que alimenta todo tipo de acción golpista porque no tiene otra salida para preservar su libertad. Un gobierno consolidado y en marcha sería el respaldo necesario para que algún juez meta presa a Cristina. Un gobierno con problemas de gobernabilidad y fragilidad les transmitiría sus miedos a los magistrados. En la justicia Cristina entendió que no tiene futuro. Por eso apuesta a poner palos en la rueda y sueña con voltear a Macri y que huya en el helicóptero. Es cierto que ayudaron a darle manija al reclamo callejero desde Víctor Hugo Morales hasta otros paraperiodistas que se hicieron millonarios con Cristina y sus cómplices. Pero ninguna protesta prende si no existe un motivo real.
Y ese motivo real existe. Muchas personas y comercios fueron sacudidos en su vida cotidiana por los aumentos de luz, gas y agua. Muchos no lo pueden pagar y eso los condena a la angustia permanente. No alcanza con lo que hizo el gobierno para cuidar a los que más sufren. No es suficiente que Macri diga que le duele en el alma o que impulsen las tarifas sociales. El gobierno tiene voluntad de cambio y hasta ahora funcionarios honestos dispuestos a luchar por la utopía de la pobreza cero. Eso es positivo. Y son muchas las medidas que han tomados en el buen rumbo. Pero les cuesta comprender la problemática de los sectores más vulnerables y algunos son analfabetos políticos. El presidente Macri haría bien en generar hechos que movilicen a la sociedad en objetivos positivos. Una epopeya nacional y una competencia entre escuelas, por ejemplo, para ver quien ahorra más energía. Instalar con campañas y voceros de la sociedad civil que ahorrar energía es hacer patria y ayudar a que se abran nuevas fuentes de trabajo. El gobierno debería pensar cada medida que toma parado en la realidad de los cinco millones de chicos pobres que dejó Cristina. Estudiar con rigurosidad como se los beneficia siempre y no se los perjudica nunca más. Ya fueron demasiado perjudicados. Más desarrollismo, más justicia social y más mística productiva. Eso se necesita.
Macri debe ampliar las bases de sustentación de su gobierno. Debe sumar en secretarías o en equipos asesores a gente que venga del radicalismo o del peronismo que lo apoya y lo respalda y que podría sumar la densidad o el volumen político que a esta administración le falta.
Urge una suerte de volantazo que refresque al gobierno. Que lo relance y lo revitalice. Ideas económicas en un plan bien diseñado que se vaya cumpliendo paso a paso.
Toda protesta es una luz de alerta en el tablero del gobierno. Un mensaje que debe decodificarse para rectificar lo que se hizo mal. Reconocer y no ocultar realidades como lo hizo durante 12 años el gobierno más corrupto de la historia democrática. Y lo cierto es que la economía está tardando mucho más de lo esperado en arrancar. Todo lo contrario hay números que son preocupantes. Y que anticiparon el fin de la luna de miel. La inflación núcleo sigue siendo alta y un hueso duro de roer. El índice anual según la Ciudad de Buenos Aires es de 47,1%, un verdadero despropósito. Los precios no encuentran freno y el gobierno no hace nada para frenarlos. La actividad va a caer 1,5% este año. Las suspensiones de las automotrices se mantendrán hasta fin de diciembre por lo menos. La industria cayó 5% en mayo. La construcción, 13 % en junio. Da la sensación que hay muchos ministros de economía y no hay ninguno. Es una orquesta que desafina porque tiene demasiados directores.
Nada de lo que digo es dramático. Hay simpatizantes de Macri y de Cambiemos que no quieren que hagamos críticas porque creen que eso ayuda al kirchnerismo. Y eso es justamente al revés. Es la descripción de la dura realidad lo que le permite al gobierno tomar nota y buscar remedios a todos los males. Chuparle las medias solo los hace insistir en el camino del error. El gobierno de Macri está pasando por un momento delicado. Se metió en un laberinto tarifario construido por ellos mismos. No hay que dramatizar porque todavía tiene un gran respaldo popular, buena imagen en las encuestas y una fuerte esperanza y expectativa de que el año que viene todo va a estar mejor. Pero insisto con mi mirada. Al país le falta energía. Y al gobierno, también. Les falta energía política y en forma urgente tiene solucionar ese problema. Un tropezón no es caída. Pero es un tropezón. Con perdón de la perogrullada.
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