176.
GANANCIAS
Ha llegado el momento de
debatir en el Congreso Nacional la reforma del siempre discutible impuesto a
las ganancias.
La historia de esta ley
confiscatoria de los salarios de trabajadores y jubilados es de larga data.
Como elemento detonante y agravante en el año 1999 (sí, hace 17 años) se creó
una famosa tabla conocida con el nombre del ministro que la implementó,
Machinea. Ocurre que esa tabla nació en un momento en el cual, en nuestro país,
había deflación y no el 40% de inflación como en la actualidad. Además durante
este largo período los valores que allí figuraban no fueron actualizados.
Lógicamente eso determinó que trabajadores con haberes exiguos pasaran a ser
aportantes obligados por esa aberración legal. Más allá del concepto semántico
de “ganancia” no aplicable a una retribución por trabajos realizados, se suma
el hecho por el que se deduce que si esa tabla hubiera sido debidamente
actualizada, actualmente sólo estarían incluidos quienes percibieran sueldos
cercanos a los 200.000 $.
Durante la campaña electoral
del 2015, los candidatos presidenciales incluyeron entre sus “caballitos de
batalla” la promesa de la eliminación de dicho impuesto.
Cierto es también que la
situación deficitaria de las arcas nacionales no permiten grandes erogaciones.
Pero una vez más los políticos argentinos faltan a su palabra empeñada.
La presión tributaria debe
tener límites éticos. Han circulado en las redes sociales estadísticas
comparativas con otros países con mayor imputación impositiva. Esas estadísticas
son mentirosas pues ocultan decir cuál es el nivel de vida en esos estados donde
los haberes percibidos permiten tener a esos ciudadanos poder de compra y
dignidad, mientras que en la Argentina un porcentaje altamente preocupante
camina en el límite mismo de la pobreza.
Sepamos reaccionar a tiempo.
Antes que la cuerda se corte.
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