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DIÁLOGO
Las torpezas del gobierno y
la improvisación ventajera del arco opositor lograron ponernos al borde de un
eventual desborde de la situación.
El Poder Ejecutivo envió
para ser tratado en sesiones extraordinarias un proyecto de reforma del impuesto
a las ganancias. El error fue doble: en primer lugar era una oferta muy débil e
insuficiente y en segundo lugar no tomar conciencia del número de diputados con
que cuenta en el Congreso.
Por su parte, un extraño
conglomerado opositor armó de la noche a la mañana un proyecto donde se
acumulaban cifras más tentadoras a los ojos y bolsillos de los trabajadores y
jubilados aportantes del impuesto. Pero contradiciendo el presupuesto nacional
del 2017, aprobado pocos días antes, sumaba impuestos poco previsibles cuantitativamente
(juegos de azar, renta financiera a plazos fijos) y anulaba beneficios que habían sido
otorgados a la actividad minera.
Esta suma explosiva hizo
eclosión porque los gobernadores provinciales, previendo una disminución en su
coparticipación de ingresos que erosionaría la capacidad de pago de sueldos y
gastos de sus distritos, reaccionaron y dirigiéndose al Senado de la Nación
lograron frenar el dictamen que transformaría en ley el famoso proyecto.
Con excelente actitud, los
senadores (que justamente son representantes de las provincias y no del pueblo,
como los diputados), invitaron al gobierno nacional a convocar con urgencia a
una mesa de diálogo amplio (jefes de bloques, gobernadores, gremialistas,
funcionarios del Ejecutivo) para lograr una contrapropuesta aceptable.
El diálogo se reinstaló
en la República. Y eso suena alentador.
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