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EL PUEBLO QUIERE SABER…
Suele decirse que en los
albores de la Patria, aquel 25 de Mayo de 1810 el pueblo se reunió junto a las
puertas del Cabildo reclamando “El pueblo quiere saber de qué se trata”.
Hoy, a casi 208 años de esa
fecha, se repite la inquieta pregunta. ¿De qué se trata lo que se está
decidiendo?
El 10 de diciembre de 2015
se anunció que se nos diría la verdad. Ocultar parte de la misma también es
mentir.
Nadie que haya vivido
informado durante los últimos años podrá negar que la situación recibida en ese
momento hacía agua por varios flancos y que el barco de la Nación estaba
cercano al naufragio.
Sin embargo la comunicación
fue dada escuetamente, como a cuentagotas. Siguiendo las instrucciones de un
extraño gurú al que muchos tildan de capaz, se brindó una edulcorada versión de
optimismo. Hacer ganar elecciones no basta. La verdad tarde o temprano sale
siempre a la luz.
Dentro de esas verdades
figura la innegable recuperación de las instituciones republicanas. El Congreso
pasó de ser un recinto de levantamanos automático a una asamblea donde se discutieron y negociaron leyes
necesarias. La Justicia se puso lentamente en marcha.
Pero la realidad económica
fue disfrazada y el gasto público no sólo no se frenó sino que creció
desenfrenadamente. El organigrama ministerial pasó a 23 cargos con sus
respectivos cargos escalafonarios inferiores lo que nos lleva a cifras
escalofriantes de funcionarios en todos los rangos.
Cierto es también que se
iniciaron obras públicas fundamentales, tristemente demoradas por años
(cloacas, pavimentos, rutas, hospitales,etc.). También cierto es que los altos
subsidios a los servicios públicos mostraban tarifas absurdas por lo ínfimas en
zonas como la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires mientras que en el interior
se pagaban cifras mucho más altas por los mismos servicios.
Pero la realidad siempre
termina golpeando a las puertas y se hace presente. Nos guste o no. En
cualquier hogar en el que se gaste más de lo que ingresa, se terminará creando
un déficit inevitable. Y ese déficit hay que pagarlo.
Y eso es lo que ha ocurrido
en las últimas semanas.
Sólo esperamos que el hilo
no termine –como suele ocurrir- cortándose por lo más delgado. Y que los
recortes inevitables recaigan sobre los causantes de tal desbarajuste.
La ciudadanía una vez
más espera ansiosa. Esta vez no lo hace frente al Cabildo de Buenos Aires. Pero
sí quiere saber de qué se trata
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