198.- EN TORNO A LA UNICABA
En
1969 se recibió en nuestro país la última camada de maestros normales
nacionales. El título so obtenía al terminar la carrera de magisterio que era
de nivel secundario. Vale decir que al terminar 5° año los egresados de las Escuelas
Normales obtenían el título docente que los habilitaba para ejercer la docencia
de nivel primario.
La
preparación que brindaban los años del ciclo superior (4° y 5° años) eran de
alto nivel. Los egresados cursaban asignaturas relacionadas con las Ciencias de
la Educación: Pedagogía, Didáctica General, Psicología Pedagógica, Historia de
la Educación, Política Educacional y por supuesto las Didácticas Especiales y
las Prácticas de la Enseñanza
El
plan de estudios que mencionamos fue reemplazado por uno de nivel terciario: el
Profesorado de Enseñanza Primaria (PEP) con dos años de duración. Ese plan se
fue extendiendo en duración hasta llegar a los actuales cuatro años.
La
primera pregunta que surge es ¿cuáles fueron los resultados de esa formación?
Las respuestas pueden ser variadas. En principio, la cantidad no siempre es
sinónimo de calidad. Por otra parte, no se puede generalizar porque las
instituciones formadoras y sus docentes no son uniformes.
A lo
largo de los años que duró la experiencia del PEP la carrera se fue vaciando de
contenidos disciplinares (Lengua, Matemática, Ciencias Sociales, Ciencias
Naturales, etc.) en detrimento de las áreas teórico- específicas de las
Ciencias de la Educación.
Desde
ya que cuando una persona elige una carrera docente está interesado en la Educación.
Eso es innegable. Pero el profesor ha elegido una actividad áulica determinada:
formar niños en un aula primaria, inclinarse por un área del conocimiento ya
sea de las Ciencias Humanísticas (Historia, Geografía,etc.) o las Ciencias
Biológicas por poner algunos ejemplos.
Los egresados
de las viejas Escuelas Normales sabían desde que entraban en primer año del
secundario que iban a ser maestros.
Ahora
y de manera inconsulta, aunque se diga lo contrario, el gobierno de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires ha determinado darle a la formación docente carácter
universitario. A ese efecto ha engendrado una Universidad (UNICABA) que
reemplazará a los actuales profesorados de niveles primario y medio.
¿Es
eso malo? No. Lo malo está en creer que esa medida solucionará el grave
problema del nivel de la formación de docentes. Una vez más volverán a
confundirse los conceptos calidad-cantidad.
Sin
entrar a analizar que en uno de los fundamentos de la creación parece deducirse
el menosprecio de lo disciplinar en desmedro de la formación teórica.
¿Dónde
quedó la libertad de elección del alumno de estudiar en una Universidad o en un
Profesorado?
El
aula es el ámbito ineludible de la experiencia. El rótulo de universitario no
garantizará la excelencia.
Así
estamos
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