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MIRÁ LO QUE QUEDÓ
Hace sólo unos pocos días
comentábamos la celebración de los 30 años de gobiernos constitucionales
sucesivos desde 1983 a la fecha.
En ese lapso se sucedieron
cinco presidentes electos, dos de ellos en dos períodos consecutivos (Menem y
Cristina Kirchner) y tres, de mandatos más breves elegidos por la Asamblea
Legislativa (Puerta, Rodríguez Saa y Duhalde).
Siempre el que recibió el
traspaso de mando tuvo que soportar el peso de los desaciertos anteriores. También
pudo disfrutar de los logros, que también los hubo. En una democracia es comprensible, pero todo
dentro de ciertos límites, por supuesto.
Pero lo que va a ocurrir en
2015 será una verdadera pesadilla para los sucesores en el gobierno y por ende
para la ciudadanía toda.
En los últimos años, se han
despilfarrado miles de millones de dólares. Algunos, en prebendas y coimas.
Otros, han ido a parar a bolsillos propios y de testaferros. Unos pocos, han
cumplido su legítima finalidad.
Ante la inseguridad jurídica
que ofrece nuestro país, las inversiones han desaparecido. Las empresas que aún
están radicadas en Argentina lo hacen con cuentagotas. Las que tienen que
elegir dónde poner sus divisas toman, sabiamente, el rumbo hacia otros países
latinoamericanos que ofrecen seriedad y garantías.
Así las cosas, no es
entonces incomprensible que suceda lo que nos acontece en estos días de furia.
Los funcionarios responsables de la energía y su administración desde 2003 a la
fecha (el mismo Ministro siempre) echan culpas y se desentienden del problema
como si fueran extraños a los acontecimientos. Siguen mintiendo. El Jefe de Gabinete
anuncia cortes de energía “programados”, cosa que dentro de la crisis sonó a
sensatez. Y horas más tarde debe desdecirse pues el libreto “bajado” era otro.
Ante tanta falta de ética,
ante la insensibilidad que golpea fuerte, ante el creciente enfrentamiento
entre los mismos ciudadanos que se echan culpas unos a otros por usar tal o
cual aparato eléctrico, mientras otros sufren las catastróficas consecuencias
de esta ineficacia, en una palabra ante este desastre (uno más) energético, uno
se pregunta cuál será el límite.
Valen como amarga reflexión
de estos 30 años de democracia, los dos versos finales del tango de Cadícamo: “Y
sin embargo, ¡ay!, mirá lo que quedó”.
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