95.- MIRÁ LO QUE QUEDÓ
Hace sólo unos pocos días comentábamos la celebración de los 30 años de gobiernos constitucionales sucesivos desde 1983 a la fecha.
En ese lapso se sucedieron cinco presidentes electos, dos de ellos en dos períodos consecutivos (Menem y Cristina Kirchner) y tres, de mandatos más breves elegidos por la Asamblea Legislativa (Puerta, Rodríguez Saa y Duhalde).
Siempre el que recibió el traspaso de mando tuvo que soportar el peso de los desaciertos anteriores. También pudo disfrutar de los logros, que también los hubo.  En una democracia es comprensible, pero todo dentro de ciertos límites, por supuesto.
Pero lo que va a ocurrir en 2015 será una verdadera pesadilla para los sucesores en el gobierno y por ende para la ciudadanía toda.
En los últimos años, se han despilfarrado miles de millones de dólares. Algunos, en prebendas y coimas. Otros, han ido a parar a bolsillos propios y de testaferros. Unos pocos, han cumplido su legítima finalidad.
Ante la inseguridad jurídica que ofrece nuestro país, las inversiones han desaparecido. Las empresas que aún están radicadas en Argentina lo hacen con cuentagotas. Las que tienen que elegir dónde poner sus divisas toman, sabiamente, el rumbo hacia otros países latinoamericanos que ofrecen seriedad y garantías.
Así las cosas, no es entonces incomprensible que suceda lo que nos acontece en estos días de furia. Los funcionarios responsables de la energía y su administración desde 2003 a la fecha (el mismo Ministro siempre) echan culpas y se desentienden del problema como si fueran extraños a los acontecimientos. Siguen mintiendo. El Jefe de Gabinete anuncia cortes de energía “programados”, cosa que dentro de la crisis sonó a sensatez. Y horas más tarde debe desdecirse pues el libreto “bajado” era otro.
Ante tanta falta de ética, ante la insensibilidad que golpea fuerte, ante el creciente enfrentamiento entre los mismos ciudadanos que se echan culpas unos a otros por usar tal o cual aparato eléctrico, mientras otros sufren las catastróficas consecuencias de esta ineficacia, en una palabra ante este desastre (uno más) energético, uno se pregunta cuál será el límite.

Valen como amarga reflexión de estos 30 años de democracia, los dos versos finales del tango de Cadícamo: “Y sin embargo, ¡ay!, mirá lo que quedó”.  

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