105. LA HUELGA
DOCENTE
Los docentes de la Provincia de Buenos Aires han redoblado la
apuesta en defensa no sólo de sus derechos laborales y salariales sino también
del cumplimiento de la Constitución Nacional. El artículo 14 bis de la CN
establece taxativamente “las condiciones
dignas y equitativas de labor, la jornada limitada; […]; retribución justa; salario
mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea…”.
Las paritarias iniciadas por el Gobierno Nacional que
finalizaron abrupta y unilateralmente con un arbitrario y a la vez autoritario porcentaje
de aumento salarial llevaron al docente a ganar un sueldo levemente superior al
mínimo vital móvil que roza degradantemente el límite de la pobreza.
En la actualidad un docente se gradúa después de cuatro años
de estudios terciarios. Ese es el motivo por el cual los profesorados han
reducido alarmantemente su matrícula de inscripción. Es cierto que la vocación
ha sido siempre un punto de partida para los que eligieron la carrera de
maestro o profesor. Ese no puede ser un argumento válido para achatar cada vez
más la retribución salarial.
Es cierto también que en los últimos años el presupuesto
educativo ha aumentado. Entonces lo que habrá que replantearse es la
distribución que se hace de esos dineros. ¿De qué valen aulas mejor equipadas,
computadoras para cada alumno, si el docente vive al borde de la indigencia?
¿Qué se pretende: una nueva forma de esclavitud al viejo estilo de los ayos,
esclavos al servicio de un amo por su tarea de “pedagogo”?
Las declaraciones del Jefe de Gabinete y la Ministra de
Educación provinciales han sido vergonzosas. Si es que aún queda algo de
vergüenza en los funcionarios. Afirmaron que los docentes tienen la posibilidad
de acumular cargos. ¿Y eso? ¿Cuántas horas debe estar un docente en un aula
para llegar a una cifra digna? ¿Y la preparación de clases? ¿Y el estudio y la
actualización? ¿Y la corrección de trabajos de sus alumnos?
Como si esto fuera poco, se ha ofrecido un aumento que no
respeta la escala salarial establecida en todos los estatutos docentes. Se ha
achatado la misma lo que significa dar una “limosna” a los que ganan menos y
menospreciando a los que cumplen otras funciones (docentes secundarios,
terciarios, directivos…) en definitiva, un verdadero engendro.
Es cierto: nos duele ver un aula vacía pero más
nos duele la falta de sensibilidad de los que tienen en sus manos un tema tan
sensible como la conducción del sistema educativo de las provincias y de la
Nación toda.
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