159.- ARGENTINOS, A LAS COSAS

Ha comenzado un nuevo ciclo de gobiernos nacionales, provinciales y municipales.
Respondiendo a lo establecido en la Ley Suprema un nuevo Presidente se ha hecho cargo de la administración del Estado.
Sumado a ese acto republicano, se produce además un cambio del sector político gobernante.
Todos hechos auspiciosos para una democracia.
Sin embargo habrá mucha y difícil tarea para restañar las heridas de la piel social de los argentinos.
Se ha tensado mucho la cuerda de las discordias. Y habrá que retomar el diálogo como elemento infaltable en los acuerdos.
Hay jóvenes de 24 años o menos que no han conocido otra forma de gobernar que no sea con relatos anacrónicos, deformaciones de la realidad, agresiones, palabras altisonantes, tonos de voz dramatizados en exceso, en fin, una democracia degradada.
Hoy más que nunca se hace necesario gobernar para unir, para pacificar y fundamentalmente para “hacer”.
Cobran vigencia una vez más las palabras del filósofo español José Ortega y Gasset que ya en 1939 nos convocaba con su famosa frase que se transforma en una arenga insoslayable para nuestros días:
“¡Argentinos, a las cosas!”
Para contextualizarlo, recordemos el párrafo completo:

 "¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".

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