COMENTARIO N° 161

1816-2016
BICENTENARIO DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA

Hemos iniciado el año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina.
Habían transcurrido seis años de la Revolución de Mayo cuando se hizo imperioso dar el paso definitivo para cortar los lazos que nos unían con España.
El Congreso reunido en la ciudad de San Miguel de Tucumán logró su objetivo el 9 de julio de 1816.
Luego trasladó su sede a Buenos Aires y finalizó su labor con la redacción de la Primera Constitución de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la del año 1819.
Los congresistas tuvieron en aquel momento decisivo el valor de declarar la Independencia, único camino para comenzar a transitar nuestra vida soberana.
Mucha sangre derramada - antes y después - costó la determinación tomada.
Hoy como ayer se hace necesario pacificar los espíritus y poner por delante el sentimiento que nos une: el de ser y sentirnos argentinos más allá de las diferencias ocasionales de colores partidarios.

Vaya como homenaje de “Comentando la Constitución Argentina” la transcripción del Acta de la Declaración:

”En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fixando en su vitual la declaración siguiente:

”Nos, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protextando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. Y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración. Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios.”

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