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LA LEY
El artículo 16 de la
Constitución Nacional que nos rige establece: “La Nación Argentina no admite
prerrogativas de sangre ni de nacimiento; no hay en ella fueros personales ni
títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley […].
Ante tamaña declaración, no
cabría hacer ningún comentario complementario. Sin embargo es necesario
recalcar el concepto de la “igualdad ante la ley”. Una de las garantías
fundamentales que nos asisten es la de saber que la vara con la que se miden
los actos de los ciudadanos es la misma y no habrá diferencias de tratamiento.
Lo que ha ocurrido en las
últimas horas es vergonzoso y preocupante. Si un juez, en este caso del fuero
federal, cita a un ciudadano a prestar declaración ante sí, ya sea con carácter
testimonial o indagatorio, nadie puede negarse a cumplir esa orden. De lo
contrario se estará en presencia de un incumplimiento inadmisible.
El Poder Judicial es uno de
los tres pilares en los que se asienta el concepto de República. Si uno de
ellos es burlado o desestimado, estaremos en serios problemas.
La señora Hebe de Bonafini
ha incumplido la ley. Pero lo que es peor y más preocupante es que un gran número
de seguidores se hayan complotado para resistir lo que no era otra cosa que una
presentación para declarar. Y con un agravante: muchos de esos señores ocupan
en la actualidad una banca en el
Congreso de la Nación y otros han ocupado cargos públicos. Vale decir que las
mismas personas que “hacen” las leyes o se ocuparon de ejecutarlas, han sido
violadores de la norma constitucional.
No entraremos aquí a
abrir juicio sobre los motivos del expediente judicial. No somos parte ni
especialistas en Derecho. Sólo hacemos notar lo grave de la actitud
desestabilizadora de estos grupos que nos remiten a una década en la que, en
nuestro país, corrió mucha sangre de
hermanos. El “NUNCA MÁS” debe ser para todos y para siempre.
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