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BÁRBAROS, LAS IDEAS NO SE MATAN
“A los hombres se degüella;
a las ideas, no”. Otros la traducirán: “Bárbaros, las ideas no se matan”.
Domingo Faustino Sarmiento
Marchando hacia
el destierro, Sarmiento escribe en una piedra de los baños termales de Zonda esta frase que
reza en nuestro acápite. Lo hace en francés lo que obliga al gobernador
Benavides a enviar a quienes supieran el idioma para descifrar el jeroglífico:
“On ne tue point les idées”. Es la misma frase con la que encabeza su “Facundo.
Civilización o barbarie”, obra fundacional no sólo de la Literatura Argentina
sino de la República misma.
Hoy, tantas
décadas después, la sentencia sigue teniendo vigencia plena.
El Presidente de
la Nación y la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires fueron agredidos de
palabra y con pedradas en un acto en la Ciudad de Mar del Plata.
La barbarie ha
vuelto a ganar la escena pública. ¿No bastaron los años de sangre de la década
del 70? Parece que no. Mientras mercenarios no identificados llevaban a cabo
tal atropello, dos señoras acababan de brindar para que el presidente “les
tenga miedo” y poco antes, seguidores de
movimientos de origen poco claros, incitaban a derrocar el gobierno.
¿Cómo se respeta
la voluntad de los pueblos? A través del voto. No hay otro camino que se
acerque más al concepto de democracia. Otro rumbo desoirá siempre los preceptos
constitucionales, únicos que deben regir en la República. Siempre y cuando
creamos en ella.
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