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CUPO FEMENINO
Sigue avanzando en el
Congreso el proyecto de ley que establecería el llamado “cupo femenino” por el
cual el 50% de todas las candidaturas a cargos electivos deberán ser alternados
entre un hombre y una mujer.
Este engendro –en caso de
aprobarse- debería dar vergüenza a los legisladores tanto varones como mujeres
pues estaría denigrando en ambos casos el valor de las capacidades personales
de cada individuo.
¿Por qué no elegir la
totalidad de los cargos para las mujeres o para los varones? ¿Qué es lo que se
pretende igualar? Más que valorar las capacidades femeninas se las está
denigrando, puesto que se les está haciendo saber que llegarán a los cargos por
una cuestión netamente cuantitativa y no por sus eventuales cualidades
académicas, políticas, intelectuales, sociales, etc.
Esta tendencia ya tuvo su
fallido origen importado de España, cuando se generalizó la costumbre de hablar
sobre niños y niñas, diputados y diputadas, alumnos y alumnas, argentinos y
argentinas. Esa actitud diferenciadora ignora que en nuestra lengua se
pluraliza en masculino. Sobre eso ya ha dado su veredicto hasta la Real
Academia Española que ha determinado la incorrección de ignorar la “economía
del lenguaje” cuando se pretende referirse a un grupo mixto.
Sin dejar de mencionar la
inconstitucionalidad de esa norma pues contradice claramente lo establecido
para la Nación Argentina en el Artículo 16 de la CN: “[…] Todos sus habitantes
son iguales ante la ley, y admisibles en sus empleos sin otra condición que la
idoneidad.”
Estamos a tiempo de evitar la
aprobación de la ley que justamente no exaltará las capacidades y virtudes de
los ciudadanos electos, sino por “obligación”. Ojalá los legisladores
recapaciten a tiempo.
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