219.- CLASES PRESENCIALES

 

El tema se ha instalado en las charlas y noticias cotidianas. Tanto padres, docentes y alumnos tienen en su íntima conciencia, los beneficios de las clases presenciales en las que profesores y alumnos tengan esa relación cara a cara que es irreemplazable.

Durante el ciclo lectivo 2020 tanto las familias, como los alumnos y por supuesto, los docentes sacaron a relucir sus mejores recursos para intentar salvar un mínimo de lo que debió ser el curso académico más irregular de la Historia de la Educación reciente.

Pero el tema se ha partidizado. Y no digo politizado porque la Política es una actividad inherente e ineludible del ser humano.

Entonces se ha iniciado una serie de chicanas que lejos están de encontrar una solución sino por el contrario enfrentan más a la sociedad, ya dividida de antemano.

¿Queremos volver a las aulas? La respuesta es afirmativa. ¿Estamos en condiciones de hacerlo? Aquí radica el problema.

No hace falta demasiado vuelo para reconocer que la gran mayoría de los edificios escolares no están en condiciones de albergar 30 o más alumnos en un espacio de 30 metros cuadrados, término medio. ¿Y la higiene de los mismos?

Propongo pensar la solución para alumnos de nivel medio o terciario que concurrirán alternadamente a clases. ¿Qué materias cursarán y cuáles no en cada oportunidad?

Suelen compararse las profesiones más disímiles con la situación de los docentes. En ninguna de ellas se atienden al mismo tiempo a 30 personas a la vez como en un aula.

Y si se aplicara el protocolo de distanciamiento, ¿cuántos alumnos caben en una superficie como las aulas de tamaño estándar?

En definitiva y con todo el dolor que ello implica: no están dadas las condiciones para regresar al aula tradicional en estas condiciones.

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