220.- ANTE UNA NUEVA ERA PEDAGÓGICA

 

Hace un tiempo circuló una comparación hipotética muy representativa de los avances científicos en distintas disciplinas. En ella se sostenía que si un médico cirujano del siglo XIX entrara a un quirófano del siglo XXI no sabría manejar la mayoría del instrumental a su disposición por los avances tecnológicos habidos en los años transcurridos. Pero que si un docente, con la diferencia del mismo lapso, entrara a un aula se adaptaría mucho más fácilmente a casi todos los recursos del ámbito y sabría cómo dar clases. Esta comparación no es más que una hipótesis pero muy reveladora de la realidad de la época en la que nos ha tocado vivir.

Pero a la vez es un llamado a la reflexión de la humanidad.

La hecatombe nos ha golpeado muy fuerte y sin distinción alguna. Todo el planeta ha tomado conciencia de su fragilidad. Y nos hemos visto obligados ya no sólo a prever sino a crear nuevas metodologías de trabajo.

Lo que hemos dado en llamar la “vieja normalidad” será pronto un recuerdo y las nuevas formas de vivir, trabajar y relacionarse se impondrán inexorablemente.

La Pedagogía deberá hacerlo también. Los fines y objetivos seguirán en relación con los de los de cada sociedad. Los medios a usar no podrán seguir siendo los mismos.

El aula no desaparecerá; se transformará. La distribución horaria deberá repensarse. La presencialidad en el aula, de innegable valor, deberá replantearse con un criterio más social que  pedagógico.

De todo esto deberán ocuparse los pedagogos del siglo XXI y por consiguiente los funcionarios públicos responsables de la Educación.

De lo contrario transitaremos un sendero que nos llevará a momentos muy difíciles.

Ese camino ya empezó. No nos quedemos rezagados.

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