57. 9 DE JULIO DE 2013
Día de la Independencia. Han pasado 207 años de aquel día en que un grupo de visionarios declarara que definitivamente nos habíamos emancipado de la monarquía española. Había nacido un nuevo país.
Hoy, como argentinos, cabría la necesidad de preguntarnos qué balance hacemos de nuestra propia historia. Pero de nuestra historia real, no la de ningún relato de ficción que a lo largo de estos más de dos siglos supimos escribir, reescribir, anular o modificar a nuestro mejor antojo.
Nadie que esté en sus cabales podrá cargar sobre sí mismo la idea de ser dueño de la Verdad, así con mayúsculas. Seguramente habrá muchas verdades que jamás llegaremos a conocer pues se han ido junto con los que nos precedieron en el camino del devenir cotidiano.
Sin embargo sería interesante una reflexión sobre los revisionismos del pasado, a la luz de nuestro presente y con proyección a los próximos años de la Argentina.
En principio, volveremos sobre una afirmación hecha ya en comentarios anteriores: no debe intentarse juzgar los hechos del pasado con una visión de nuestros días sin poder cometer el error insoslayable de malinterpretarlos. Y lo que es peor aún, ahondar las diferencias que históricamente nos enfrentaron en lugar de buscar los puntos de coincidencia necesarios para hacer de la Argentina lo que seguramente soñaron los fundadores de la Patria.
De 1816 a la llegada del primer Presidente pasaron muchos años para tener un proyecto de Constitución. Llega Rivadavia, no antes de la eliminación del Directorio y con el paso de años de regueros de sangre de hermanos que se despedazaban guiados por creer que cada uno de sus conductores sería el “salvador de la nación”.
Llegamos a 1853 y tras la Constitución Nacional, Urquiza. La sangre no cesa. Unitarios, Federales, la incorporación de Buenos Aires a la Confederación que llega después de nuevas batallas fratricidas.
Un largo período de construcción del Estado Argentino. Con todos los aciertos y errores de los que hacen, que son los únicos que pueden equivocarse. Porque los otros no cuentan.
La democratización del sistema electoral en 1916 llega a una cúspide del logro republicano. El voto secreto y universal que lleva al gobierno a los opositores de su creador –Sáenz Peña- figura inédita y a la vez cuestionada por propios y extraños.
1930 muestra el quiebre de la institucionalidad. A partir de entonces, los argentinos volvemos al laberíntico camino de los enfrentamientos. Épocas en que el país recomienza las luchas en las que las ideas son reemplazadas por la fuerza. Las armas marcan el supuesto predominio de la “razón”.
En el 70, vuelve la sangre que nunca debió correr y de un lado y del otro los supuestos “hermanos” nos matamos entre nosotros simplemente para tratar de imponer por la fuerza el predominio de lo que suponíamos era la “verdad”.
Por supuesto que este artículo no pretende ser una lección de Historia. Simplemente es una pincelada absolutamente superficial y con trazos gruesos de lo transcurrido a partir de aquél 9 de Julio en el que los firmantes del Acta soñaron una Nación Independiente y con proyección no sólo territorial, sino histórica.

Hoy, 9 de Julio de 2013, sería importante ver el pasado simplemente para no olvidarlo. Pero mucho más trascendente sería solucionar los problemas que nos aquejan a diario y proyectar al mundo una Nación con hechos magnánimos y con palabras huecas que pregonan una cantidad de derechos que no se cumplen en una verdadera muestra de hipocresía imperdonable.
¡ Feliz Día de la Patria !    

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