62.- MORALINA,NO. ÉTICA, SÍ.
En el artículo 14 de la Constitución se enuncia el derecho que tienen todos los habitantes de la Nación de enseñar y aprender.
Es uno de los derechos humanos fundamentales y gracias a su aplicación se deriva la libertad de cátedra, sobre todo en los claustros terciarios y universitarios, donde los docentes pueden dar los enfoques sociales, políticos y culturales que defiendan y los alumnos tengan la absoluta capacidad de decidir en cuáles de las cátedras inscribirse o no.
Pero cuando desde el Ministerio de Educación de la Nación se distribuyen libros para ser entregados a todos los alumnos de las escuelas públicas, se está imponiendo una orientación unidireccional. Y eso no es bueno para las libertades.
Sobre todo cuando se trata de los niveles secundario y primario. Y más aún cuando los contenidos de esos libros rozan la chabacanería, la pornografía, la escatología. En definitiva, el mal gusto.
Eso es lo que ha ocurrido en la provincia de Mendoza. El Ministerio de la Nación envió libros para repartir en las escuelas, con las características antes mencionadas.
Se ha mezclado peligrosamente lo cotidiano con lo académico. La Escuela debe orientar, informar, formar, abrir mentes y caminos. Eso no implica desconocer que en los ámbitos familiares o de amigos, el adolescente pueda elegir ver o escuchar los programas que les plazca o compartir los chistes con los que todos podemos llegar a divertirnos.
Lo peligroso es mezclar esos ámbitos e igualarlos. No en vano, el Ministerio se apresuró a desdecirse y aclarar que la distribución no era “obligatoria”.
La Argentina que años atrás mostraba un orgulloso nivel en la formación académica. Hoy, en las pruebas internacionales de evaluación ha descendido vergonzosamente.
No es casualidad. 

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