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ASAMBLEÍSMO E INTOLERANCIA
El artículo 22 de la CN
establece que “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus
representantes y autoridades creadas por esta Constitución…”
Sin embargo en nuestro país
se ha instaurado un sistema de “asambleísmo popular” que echa por tierra con
ese precepto. Esto no ocurre sólo ahora. Se ha venido gestando lenta pero
implacablemente ante el silencio temeroso, unas veces y cómplice, otras de los
ciudadanos comunes y de las autoridades.
En las calles, en las
fábricas, en las escuelas se ha instalado la idea de que hay medidas que se
toman “porque se decidió en asamblea”. ¿Quién depositó en esa reunión,
generalmente minoritaria de personas, el poder de decidir por “todos”?
Los medios dieron a conocer
que los otros días, una asamblea de “padres” de un colegio decidió por 119
votos contra 1, aprobar la toma llevada a cabo por los alumnos. Esa institución
tiene más de 1000 alumnos, lo que supone que hay 2000 padres que tendrían
derecho a opinar. Sin embargo sólo 120 lo hicieron, por supuesto sin que la ley
haya delegado en ellos el poder de decidir nada.
Por otra parte, ¿puede
ponerse a votación una decisión absolutamente ilegal? ¿Puede reunirse un grupo
de personas para determinar cometer un ilícito y transformarlo en válido
simplemente por una mayoría ficticia? Tomar por la fuerza un edificio público,
impedir el derecho a enseñar y aprender son actos de esa índole.
Si sumado a ese punto de
partida, se agrega la agresión insultante a edificios históricos y de alto valor
espiritual, la ecuación va cerrando perfectamente: estamos inmersos en el caos,
estamos haciendo realidad el “mundo del revés” que nos mostró María Elena Walsh
hace 50 años y que pregonó Antonio Gramsci en Europa. Para disolver una
sociedad nada mejor que empezar por la Educación. Tarea cumplida.
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