74.- ASAMBLEÍSMO E  INTOLERANCIA  
El artículo 22 de la CN establece que “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución…”
Sin embargo en nuestro país se ha instaurado un sistema de “asambleísmo popular” que echa por tierra con ese precepto. Esto no ocurre sólo ahora. Se ha venido gestando lenta pero implacablemente ante el silencio temeroso, unas veces y cómplice, otras de los ciudadanos comunes y de las autoridades.
En las calles, en las fábricas, en las escuelas se ha instalado la idea de que hay medidas que se toman “porque se decidió en asamblea”. ¿Quién depositó en esa reunión, generalmente minoritaria de personas, el poder de decidir por “todos”?
Los medios dieron a conocer que los otros días, una asamblea de “padres” de un colegio decidió por 119 votos contra 1, aprobar la toma llevada a cabo por los alumnos. Esa institución tiene más de 1000 alumnos, lo que supone que hay 2000 padres que tendrían derecho a opinar. Sin embargo sólo 120 lo hicieron, por supuesto sin que la ley haya delegado en ellos el poder de decidir nada.
Por otra parte, ¿puede ponerse a votación una decisión absolutamente ilegal? ¿Puede reunirse un grupo de personas para determinar cometer un ilícito y transformarlo en válido simplemente por una mayoría ficticia? Tomar por la fuerza un edificio público, impedir el derecho a enseñar y aprender son actos de esa índole.

Si sumado a ese punto de partida, se agrega la agresión insultante a  edificios históricos y de alto valor espiritual, la ecuación va cerrando perfectamente: estamos inmersos en el caos, estamos haciendo realidad el “mundo del revés” que nos mostró María Elena Walsh hace 50 años y que pregonó Antonio Gramsci en Europa. Para disolver una sociedad nada mejor que empezar por la Educación. Tarea cumplida.   

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