100.- SILENCIOS QUE HACEN RUIDO
La
Presidenta de la Nación se ha llamado a silencio. Es el silencio de los que son
presa del desconcierto.
Durante
los últimos seis años de la “década ganada” la cadena nacional de radio y TV
fue su ámbito preferido. Desde su atril, la ciudadanía recibió mansamente unas
veces y otras, con estupor, las diatribas en las que se ironizaba con sus
detractores y por otro lado nos hacía conocer las maravillas del modelo vigente.
Es
cierto que durante los primeros tiempos transcurridos desde el 2002 cuando
asume la presidencia Duhalde e incluso desde mayo de 2003, se tuvieron aciertos y errores, como en todo gobierno. Además se
salía del desgobierno de la Alianza. Pero a partir de la renuncia del ministro
Lavagna, la cosa empezó a desmadrarse aunque los efectos negativos estaban aún
lejanos.
La
soberbia nunca es buena consejera. Y en nuestro país, se hizo dueña del poder.
Se dijo en repetidas oportunidades y casi hasta el hartazgo, que el mundo debía
aprender de la Argentina cómo se debía manejar la cosa pública, En Economía, en
Diplomacia, en Seguridad, en Justicia, en la vigencia de las instituciones, en
una palabra, en todo se “dictó cátedra” pensando que los demás países debían
emularnos. Así nos fue.
La
primera mandataria primero se enfermó. Durante su convalecencia sufrió una
derrota electoral que sus aduladores se apuraron a negar o tergiversar. Y poco
después comenzó la debacle en la que estamos sumergidos. El manejo económico ha
escapado del control, la inflación se enseñorea otra vez en el país, con cifras
y proyecciones alarmantes. No se presentan medidas que constituyan un plan,
sino sólo parches que ya no cubren los problemas que se suceden
vertiginosamente. Las reservas del banco Central se están escurriendo
vertiginosamente. Todas las mediciones internacionales nos muestran en los últimos
lugares en cuanto a la impunidad de los funcionarios, sus allegados y testaferros.
Ante
todo esto, en el atril reina el silencio. Y los pocos que hablan terminan
contradiciéndose a las pocas horas o desdiciendo lo que otros funcionarios
anunciaron poco antes.
La
oposición parece adormecida, aunque se espera de ella una reacción que
signifique una serie de propuestas alternativas. Los gobernadores afines y
algunos legisladores de la bancada oficial han empezado a prender luces de
alerta.
Esperemos
una reacción a tiempo, aunque el reloj
sigue su marcha implacable y vertiginosa.
Que
el silencio reinante sea el de la meditación y la autocrítica y no la antesala
de otra hecatombe. Porque el silencio puede ser a veces, saludable pero otras
puede “provocar mucho ruido”.
Hasta
la próxima.
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