HACE CASI 38 AÑOS, EN VÍSPERAS DEL GOLPE MILITAR, SE OFRECIÓ A UNA SERIE DE POLÍTICOS LA POSIBILIDAD DE HABLAR POR LA CADENA DE RAIO Y TV. SÓLO DOS LLEGARON A HACERLO: RICARDO BALBÍN EL 16 DE MARZO Y  OSCAR ALENDE EL 23 (UN DÍA ANTES DE LA DESTITUCIÓN)
AMBOS LLAMARON A LA UNIÓN NACIONAL COMO ÚNICA FORMA DE SALVAR LA REPÚBLICA.
SEPA CADA LECTOR HACER EL ANÁLISIS QUE CREA OPORTUNO

16 de marzo de 1976.

Dis­curso pro­nun­ciado por Ricardo Bal­bín
en la Cadena Nacio­nal de Radio y Televisión.

Tengo con­cien­cia cabal de la curio­si­dad, por no decir la expec­ta­tiva, que des­pierta esta audi­ción. Lo mismo habría ocu­rrido con cual­quier hom­bre de la polí­tica argen­tina que estu­viera en este sitio en que estoy yo. Por­que creo que la expec­ta­tiva no la deter­mina la pala­bra: es la inquie­tud nacio­nal, estas inten­sas y pro­fun­das preocupaciones.

Soy hom­bre de un par­tido polí­tico, es ver­dad. Pero en esta eme r­gen­cia yo hablaré como un ciu­da­dano de la Repú­blica. Car­gado de preo­cu­pa­cio­nes, que son las preo­cu­pa­cio­nes de mi país. Deseoso de servirlo.

Sé que muchos pue­den supo­ner que vengo aquí a decir pala­bras de agra­vio. Sé que otros pen­sa­ran que voy a decir pala­bras de pro­testa. Hace tiempo. que estoy diciendo que hay que dejar el pasado atrás y mirar para ade­lante, no tanto por noso­tros sino por una impor­tante juven­tud argen­tina que espera.

Tengo natu­ral­mente que decir qué hici­mos y por qué lo hici­mos, pero no espe­ren que yo pro­nun­cie pala­bras de con­de­na­ción. En esta hora pre­fiero estar con Yri­go­yen. Que en el ins­tante de asu­mir sus gran­des res­pon­sa­bi­li­da­des, cuando alguien le recla­mara que san­cio­nara, y aquel grande hom­bre que fue nues­tro maes­tro dijo… ”Vengo a repa­rar y nada más”.

Es esta la moti­va­ción que me impulsa a lle­gar aquí. Es esta la nece­si­dad que tene­mos de decir lo que cree­mos. Natu­ral­mente que he sido anun­ciado como pre­si­dente de la Unión Cívica Radi­cal y, por lo tanto, en unos pocos minu­tos tengo que decir qué somos, de dónde veni­mos y lo que aspi­ra­mos toda la vida.

Naci­mos a la vida polí­tica al impulso de los gran­des maes­tros nues­tros: Alem, el soña­dor cons­tante; Yrí­go­yen, el rea­li­za­dor, que hoy mismo, ante estas nece­si­da­des del país, lo cubren las pan­ta­llas de tele­vi­sión. De él apren­di­mos una cosa esen­cial: Nada se hará, nada habrán de con­se­guir los argen­ti­nos si no tie­nen la capa­ci­dad de con­ju­gar el verbo de la unión de los argen­ti­nos. Su lucha fue ésa. Cuando el país estaba negado, él buscó la par­ti­ci­pa­ción del país, y toda su gente, y todos sus hom­bres. Por­que com­pren­día que sola­mente la unión del pue­blo sobe­rano podía rea­li­zar un país en soberanía.

Hemos sido con­se­cuen­tes con la defi­ni­ción y el con­cepto, por­que hace a nues­tra vida y a nues­tro modo de pen­sar. Hemos andado todos los años, muchos más años que todos los par­ti­dos argen­ti­nos, pero siem­pre ilu­minó esta ges­tión fun­da­men­tal encon­trar el con­junto argen­tino para su gran realización.

En los tur­nos de gobierno que tuvi­mos cum­pli­mos, el país vivió en paz. y en el último turno que tuvo el radi­ca­ lismo, con el pre­si­dente Illia, dimos la gran lec­ción de la com­pren­sión. Nos fija­mos en el hom­bre, su des­tino y sus dere­chos. No hay nin­guno que pueda en la Repú­blica levan­tar la mano decla­rán­dose per­se­guido. No hay nin­guno en el país que pueda levan­tar su mano diciendo: “Yo fui san­cio­nado injustamente “.

Y sobre esa base, de res­peto humano de los pue­blos y del pue­blo, ini­cia­mos la tarea de lo que ahora se reclama urgen­te­mente: la libe­ra­ción nacional.

Noso­tros seguir­nos ese camino. Dis­tin­tos acon­te­ci­mien­tos y cir­cuns­tan­cias lo pusie­ron en rudas peleas y des­en­cuen­tros. Lo hemos dicho muchas veces en todas par­tes: estaba dis­tor­sio­nada la Repú­blica. Y fue así inte­rrum­pido injus­ta­mente, arbi­tra­ria­mente, aquel gobierno de bien nacio­nal, de sen­tido pro­fundo de su sobe­ra­nía, de res­peto supremo a la volun­tad de su pue­blo, de afian­za­miento de un fede­ra­lismo en cri­sis en la actua­li­dad. Juga­ban las pro­vin­cias en ese tiempo con la jerar­quía del viejo fede­ra­lismo argentino.

Nos tum­ba­ron. En alguna parte del país están los res­pon­sa­bles viendo el país de ahora. Será pru­dente que hagan un exa­men de conciencia.

¿Qué hici­mos des­pués? Bus­ca­mos afa­no­sa­mente en el país las coin­ci­den­cias fun­da­men­ta­les. Deja­mos mucho de lo nues­tro en la bús­queda afa­nosa de coin­ci­den­cias esen­cia­les. Que­ría­mos borrar defi­ni­ti­va­mente lo que dis­tan­ciaba, lo que divi­día. Nos encon­tra­mos con un mila­gro: Hom­bres de dis­tin­tas expre­sio­nes polí­ti­cas, las más rudas expre­s io­nes polí­ti­cas del des­en­cuen­tro, coin­ci­di­mos en recu­pe­rar prin­ci­pal­mente las ins­ti­tu­cio­nes del país, que son irre­nun­cia­bles, y echar las bases de una impor­tante coin­ci­den­cia nacional.

El pue­blo se pro­nun­ció y fui­mos derro­ta­dos. Gana­ron los otros.

¿Qué ocu­rrió en el país de cosa nueva? ¿Qué acon­te­ci­miento nota­ble lle­gaba a la Repú­blica? La frase defi­ni­tiva y corta: El que gana gobierna y el que pierde ayuda. Esta la escena del país. Se han dado todas las cir­cuns­tan­cias. Frente a esta situa­ción en que está la Repú­blica, yo pre­gunto: ¿dónde está la culpa?

Yo sé que hay mucha gente, algu­nas expre­sio­nes polí­ti­cas, que por sacar divi­den­dos cir­cuns­tan­cia­les nos dicen “los com­pla­cien­tes”, o “los tole­ran­tes”, y noso­tros no somos nada más que la opo­si­ción correcta. Cuya derrota no modi­fica sus pro­ce­di­mien­tos ni sus actos. Ahí está el Con­greso de la Repú­blica, donde se demues­tra cómo y de qué manera la Unión Cívica Radi­cal y otras expre­sio­nes polí­ti­cas argen­ti­nas, por qué no decirlo, fue­ron fie­les al pen­sa­miento mayor de todos jun­tos, rea­li­zar el país.

Estaba Perón en el gobierno y estas con­sig­nas empe­za­ron a fun­cio­nar. Admito que no eran tota­les, que era el prin­ci­pio. Todo nece­sita un prin­ci­pio. Pero se hizo el diá­logo de arriba para abajo y de abajo para arriba. Se enten­die­ron en los nive­les supe­rio­re s las expre­sio­nes polí­ti­cas argen­ti­nas. Lo com­pren­dió el pue­blo, este mara­vi­lloso pue­blo que tenemos.

Él se murió. Me tocó a mí la opor­tu­ni­dad de des­pe­dirlo en nom­bre de dis­tin­tas expre­sio­nes polí­ti­cas argen­ti­nas ¿Qué dije enton­ces? Algu­nas pala­bras, es ver­dad, pero dije una que tenía un pro­fundo sig­ni­fi­cado, salía del fondo de mi alma, de la ver­dad de mis sen­ti­mien­tos: “Este viejo adver­sa­rio des­pide a un amigo”.

Los hom­bres que hablan, los que ocu­pan con fre­cuen­cia las tri­bu­nas saben cómo es, a veces, cuando se pro­duce la expre­sión, como en un tras­fondo se dibuja una ima­gen. Yo con­fieso que aque­lla mañana, cuando yo dije con sin­ce­ri­dad ‘el viejo adver­sa­rio des­pide a un amigo”, se me ima­gi­naba que todo el país jun­taba sus manos y que todos se mez­cla­ban, para hacer de aque­lla defi­ni­ción sen­ci­lla y cierta, leal y sen­tida, una defi­ni­ción para todos los tiem­pos. Las manos toma­das de todos los argen­ti­nos para rea­li­zar la obra que que­re­mos todos los argentinos.

¿Qué pasa después?

Ahí está el inte­rro­gante, la pre­gunta, y el país da la res­puesta. No anduvo más. Hubo un ais­la­miento. Un no com­pren­der. Un no enten­der aquel men­saje que dijo que “el here­dero era el pue­blo”. Aquí una mino­ría se declaró here­dera. Pero una mino­ría que no enten­día el país, sino a sus pro­pios intereses.

Estas son las gran­des fallas de este acon=Dte­ci­miento nacio­nal. Estoy seguro de que aque­lla mañana empre­sa­rios, obre­ros, maes­tros, pro­fe­sio­na­les, todos se sin­tie­ron toca­dos segu­ra­mente, pienso yo, como que ama­ne­cía en el país des­pués de lar­gos des­en­cuen­tros la posi­bi­li­dad cierta, ver­da­dera, de que podía­mos los argen­ti­nos, todos jun­tos, sin decli­nar nin­guna de sus con­vic­cio­nes, rea­li­zar la Repú­blica de todos. Poner la sobe­ra­nía de los argen­ti­nos en la gran con­fron­ta­ción de Latinoamérica.

Se fue ais­lando el gobierno. Se fue empo­bre­ciendo el gobierno. Y hay que com­pren­der, hay que com­pren­derlo defi­ni­ti­va­mente, que cuando se des­com­pone el Estado se des­com­pone la socie­dad. No hay tér­mino medio Des­com­puesto arriba, como una ver­ti­cal se van des­tru=Dyendo las estruc­tu­ras de la sociedad.

Unión de los argen­ti­nos, dijo orgu­llosa y emo­cio­na­da­mente la Con­ven­ción de la Unión Cívica Radica!, tan pronto como el esfuerzo de toda la ciu­da­da­nía recu­peró las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas. De allí, luego de argu­men­tos fuer­tes y nota­bles, ter­minó en la sín­te­sis. Vamos en la bús­queda de la unión de los argen­ti­nos a la vieja manera de Alem o Yri­go­yen. Vamos a poner­nos de acuerdo los sec­to­res popu­la­res del país para encon­trar las solu­cio­nes pro­li­jas y cier­tas que deter­mi­nen el queha­cer nacional.

¿Quién puede decir en el país que no la servimos?

Están los reite­ra­dos docu­men­tos del par­tido y está la ges­tión nota­ble de nues­tros legis­la­do­res en el Con­greso, el Senado de la Nación, la Cámara de Dipu­tados de la Nación. No se puede pre­ten­der que una mino­ría realice la obra. Por­que es la mino­ría. Pero allí esta­ban las gran­des mayo­rías, las que habían nacido al impulso de su fun­da­dor, el que enfermo y viejo llegó al país des­pués de hacer nota­bles exá­me­nes de su pro­pia con­cien­cia. “No vengo a divi­dir, vengo a unir a los argentinos”.

¿Quién lo inter­pretó? ¿Quién dice que tiene esta ban­dera? Si parece que en defi­ni­tiva la hubié­ra­mos con­ser­vado noso­tros, los hom­bres de la Unión Cívica Radi­cal, y otros hom­bres de dis­tin­tos par­ti­dos polí­ti­cos argentinos.

Ahí está el Con­greso de la Repú­blic a, en su pri­mer año de legis­la­ción bri­llante, cuando esta­ban con­for­ma­das las for­mas de la con­vi­ven­cia, de la con­cer­ta­ción, y luego, el Par­la­mento que no fun­ciona por la ausen­cia de los res­pon­sa­bles de la mayo­ría. No es un cargo, es una reali­dad. No es una impu­tación, es la exhi­bi­ción de una reali­dad del país que se toca con la mano, que todos la vemos.

Yo he dicho que no vengo a impu­tar. Tomo la his­to­ria. Sus acon­te­ci­mien­tos, sus modos. Para tener el dere­cho de decir que todo está nau­fra­gado. Unir la Nación. Bus­car la uni­dad de los argen­ti­nos tiene un pro­fundo sig­ni­fi­cado. No es poner­nos emo­cio­na­dos cuando se enar­bola el sím­bolo de todos los argen­ti­nos, sino hacer honor al sím­bolo de los argentinos.

Era una situa­ción dis=Dtinta y dife­rente, volá­ba­mos sobre los sec­to­res, nin­guno podía gra­vi­tar sobre el otro, nin­guno podía ser más que el otro, todo era una con­jun­ción. Todo debía de plas­marse con una con­signa para el con­junto. No podía haber un sec­tor indus­trial de allá y otro de acá. No podía repa­rarse el ámbito gre­mial en con­tra de los otros fac­to­res de la pro­duc­ción. Había que orques­tar el con­junto argen­tino, y aque­llo que se inició en la senda de las gran­des defi­ni­cio­nes, las emo­cio­na­les defi­ni­cio­nes, nos da el espec­táculo de hoy. Todos divi­di­dos. Todos desencontrados.

El egoísmo de la lucha de los sec­to­res ha lle­gado hasta el delito. Los obre­ros de un lado, natu­ral­mente recla­mando la sen­sa­tez del sala­rio cuyos aumen­tos se mue­ren de risa cuando son ago­ta­dos a los quince minu­tos, antes ó des­pués de haber­los anunciado.

La empresa se ha trans­for­mado en una expre­sión uni­la­te­ral, donde hay quien se funde, donde hay quien se angus­tia y tam­bién hay quien se enri­quece voraz­mente creando una gue­rri­lla dis­tinta y dife­rente de la otra bru­tal que tam­bién tiene la República.

Y cuando los sec­to­res tra­ba­jan por su cuenta. Cuando no hay con­cien­cia de la uni­dad nacio­nal se da esta tre­menda descomposición.

Des­pués de Perón, los gre­mios divi­di­dos. La fuerza del tra­bajo uni­forme, cuya capa­ci­dad de acción se per­fila en lo que el radi­ca­lismo quiso. Las cen­tra­les úni­cas del tra­bajo, pero del tra=Dbajo y no la par­cia­li­dad polí­tica, están en des­en­cuen­tro. ¿Quién lo oculta en esta actualidad?

La empresa divi­dida, anar­qui­zado el mundo empre­sa­rio. Por­que a fuerza de que­rer gra­vi­tar uno u otro sec­tor se pelea­ron en el fulgor.

Se pro­du­cen las dis­cre­pan­cias polí­ti­cas, duras dis­cre­pan­cias polí­ti­cas. Las que había­mos dicho que que­da­ban en el tiempo, borra­das, para que des­a­pa­re­cie­ran las dis­tor­sio­nes. Están otra vez así, al atisbo. Erro­res o acier­tos, para ver de qué manera cada uno se hace el bene­fi­cio per­so­nal y no el bene­fi­cio colectivo.

Algu­nos supo­nen que yo he venido a dar solu­cio­nes, y no las tengo. Pero las hay. Es ésa. La unión de los argen­ti­nos para el esfuerzo común de todos los argentinos.

Ahí esta la gue­rri­lla ¿Por que vino y quién la trajo? Poniendo en peli­gro el país y encen­diendo una mecha en el con­ti­nente ame­ri­cano. Nadie se preo­cupa de eso. Pero la des­truc­ción por la vio­len­cia de la Argen­tina, la gue­rri­lla inten­si­fi­cada en el país pasa las fron­te­ras, y puede lle­gar el día en que, sin que­rer o que­riendo, una gene­ra­ción joven con la que sueño, una gene­ra­ción Joven para la que tra­bajo, encuen­tre con­vul­sio­nado su país, ame­na­zada su República.

Por eso traigo nada más que una invi­ta­ción. Conozco todos los rumo­res. Sé de todas las inquie­tu­des. Se con­ju­gan los movi­mien­tos de las Fuer­zas Arma­das Argen­ti­nas, esas impor­tan­tes fuer­zas argen­ti­nas. Las que sopor­ta­ron todo, las que ente­rra­ban sus muer­tos y habla­ban de las ins ­ti­tu­cio­nes del país. Estas Fuer­zas Arma­das que no vi nunca. Que están ahí defen­diendo y sufriendo, ayer nomás, el aten­tado bru­tal, sumado a los otros atentados.

¿Por qué los argen­ti­nos vamos a hacer tan­tas cosas mal? ¿Por qué el gobierno no llama a su pro­funda refle­xión, para que no se com­pro­me­tan, para que man­ten­gan ese pres­ti­gio nece­sa­rio al país y al pres­ti­gio de la Repú­blica? ¿Por qué somos tan tor­pes que no encon­tra­mos noso­tros, los hom­bres de la civi­li­dad, los cami­nos pro­fun­dos del queha­cer y del realizar?

Puedo afir­mar, por­que conozco en ver­dad y en pro­fun­di­dad el pen­sa­miento de muchos hom­bres de la polí=Dtica argen­tina, que la deci­sión de diá­logo está abierta en todas las direc­cio­nes. He hablado con hom­bres de todos los mati­ces y res­pon­sa­bles de todos los mati­ces. Hay un común deno­mi­na­dor en la Repú­blica, que quiera sal­var estas con­tin­gen­cias nacio­na­les, hay una volun­tad juve­nil que quiere cola­bo­rar en el esfuerzo de man­te­ner las ins­ti­tu­cio­nes de la Repú­blica, por­que es el camino de la civi­li­za­ción, de la demo­cra­cia de los argen­ti­nos. Hay tiempo todavía.

Podría dar la segu­ri­dad, podría dar la segu­ri­dad, de que en horas nomás, en horas nomás, pero en horas tran­qui­las, podría reunirse el país, todo el país para encon­trar las solu­cio­nes magis­tra­les que no son nada más que las sen­ci­llas solu­cio­nes mora­les argentinas.

Sabe ­mos de la corrup­ción, del con­tra­bando, de la des­truc­ción comer­cial. Cono­ce­mos como se ha abu­sado de esta Repú­blica. Sabe­mos que hay algu­nos paí­ses que con­si­de­ran que está en liquidación.

¿Por qué no nos jun­ta­mos todos en una mesa, todos jun­tos, para esta emergencia?

Que escu­chen los titu­la­res del gobierno. No ha habido una sola pala­bra que los ofenda y los agra­vie. Pero ha habido una con­cien­cia moral que los llama a las gran­des res­pon­sa­bi­li­da­des, a los ges­tos de gran­deza, a la nece­si­dad de mos­trar a este país como es y como debe ser, y no esta cha­tura en que esta­mos viviendo, esta incer­ti­dum­bre en que esta­mos movién­do­nos. Este no saber si vuelve vivo el sol­dado que va a hacer su ser­vi­cio, o si vuelve vivo el obrero o el joven que está en la universida d.

No lo arre­glará nin­gún sec­tor por pode­ro­sos que sea. Lo hará el país, todo el país. Conozco el pres­ti­gio de todos, y conozco los delin­cuen­tes que fue­ron tam­bién un poco apa­ña­dos por el gobierno. Pero las ins­ti­tu­cio­nes son váli­das, y aun cuando parece no, que no son efi­ca­ces, sir­ven, por­que estando el Con­greso de la Repú­blica se pudo saber la exis­ten­cia de delin­cuen­tes en el gobierno, y se bus­ca­ron las inves­ti­ga­cio­nes, están los resor­tes vivos como para poder rea­li­zar la tarea pro­funda que recla­man los argentinos.

Por eso desde aquí invoco al con­junto nacio­nal. Para que en horas nomás, exhi­ba­mos a la Repú­blica un pro­ grama, una deci­sión, un norte. Pero que se deponga la sober­bia. Cuando se tra­tan de estas cosas, lo digo desde arriba para abajo, no hay que andar con láti­gos, hay que andar con sen­ti­dos mora­les de la vida.

Este es mí lla­mado. No ha resuelto nada. No ha ali­viado nin­guna angus­tia. No ha dado reme­dio al que no lo tiene. Pero trae, por lo menos, esta volun­tad, y esta deci­sión, y para los que creen que todo se derrumba, para los que creen que un sec­tor del país puede lle­gar a resol­ver estos pro­ble­mas, yo digo en nom­bre de la Unión Cívica Radi­cal para ahora y todos sus tiem­pos: la ban­dera de la unión de todos los argen­ti­nos, la vida en paz, el tra­bajo remu­ne­rado, la empresa cierta, y, sobre todo, la defensa de las ins­ti­tu­cio­nes de la Repú­blica, no serán aban­do­na­das jamás por la Unión C=Dvica Radical.

Hemos uti­li­zado este pen­sa­miento, este len­guaje y esta acción en todos los tur­nos de nues­tra his­to­ria. Lo vamos a seguir haciendo. Pode­mos recons­truir hoy o no. ¿Ten­dre­mos que reha­cer todo des­pués de la catás­trofe? Puede ser que sí, pero al más incré­dulo de estas con­cep­cio­nes, le afirmo: Si se espe­ran las rui­nas, en las rui­nas encon­tra­rán una bandera.

No se rea­li­zará el país sino sobre la base de la unión de los argentinos.

Seño­ras y seño­res, pido dis­cul­pas. Vie­nen de lo hondo de mi pen­sa­miento estas pala­bras que pue­den no tener sen­tido, pero tie­nen pro­fun­di­dad y sin­ce­ri­dad. No soy muy amante de los poe­tas, pero he seguido un poeta de mi tie­rra: “todos los incu­ra­bles tie­nen cura cinco minu­tos antes de la muerte”.

Argen­ti­nos de todos los rin­co­nes, civi­les de todos los luga­res, mili­ta­res de todo el país, bri­ga­die­res y mari­nos, ¿para qué lle­gar a los últi­mos cinco minu­tos? ¿Por qué no estar­nos con­ju­gando la ilu­sión de aquél poeta? Se acerca al angus­tiado, al enfermo, al des­pro­te­gido, a todos los incu­ra­bles que tie­nen cura cinco minu­tos antes de la muerte.

Desea­ría que los argen­ti­nos, hoy, no empe­zá­ra­mos a hacer la cuenta de los últi­mos cinco minu­tos.

Ricardo Balbín

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