110.- PACTOS Y NO
FRENTES
1° DE MAYO “DÍA DE
LA CONSTITUCIÓN NACIONAL”
Un lector asiduo de la página nombra en un comentario suyo a
Esteban Echeverría. Coincidimos plenamente en la necesidad que expresa de
volver a tener en nuestro presente un pensador de su talla. Echeverría fue a
nuestro juicio una de las mentes más preclaras de la llamada Generación del 37
a la que le cupo la responsabilidad histórica de vivir, pensar y opinar durante
el largo gobierno de Rosas. Además, desde el punto de vista literario es quien
introduce las ideas del movimiento romántico en el Río de la Plata. Y como si
fueran pocos blasones, lleva sobre sus espaldas la triste experiencia de los
primeros exilios de la Historia Argentina, producto de la intolerancia política
de esos tiempos.
En su “Dogma Socialista de la Asociación de Mayo”, Echeverría
dedica una parte de su texto a anatemizar a los corruptos, a los tiranos y a
una larga serie de réprobos. Sus “anatemas” suenan con la fuerza de una
poderosa arma, en este caso ideológica y literaria. (Los publicamos a
continuación de este comentario).
Estamos refiriéndonos a la época histórica en que, en la todavía no
constituida Nación, empiezan a firmarse los grandes acuerdos que serán aludidos
en el Preámbulo de la Constitución cuando se hace referencia a los “pactos
preexistentes”. El Tratado del Pilar, el Tratado del Cuadrilátero, el Pacto
Federal y finalmente el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. Desde ya que
hubo otros antes y después de la fundación constitucional de la República como
el de Palermo y el de San José de Flores.
Esos pactos nos remiten a la necesidad, en este siglo XXI, de sentar bases de convivencia política, social, económica y todas las relacionadas
con el respeto por las ideas del “otro”. Vale decir, del que gobierna y del que
es minoría.
En la actualidad se han invertido los pasos destinados a
reconstituir el lastimado tejido social en que estamos insertos. Hemos llegado
muy cerca del “todos contra todos” y eso no es bueno para la República.
Pero en lugar de firmarse “tratados” o “pactos” que
garanticen los acuerdos mínimos fundamentales, los políticos se han lanzado a
la carrera de la sucesión presidencial formando ya, frentes electorales que constituyen una
peligrosa mescolanza de ideas y proyectos de país.
Creen que por la simple palabra mágica de ellos, la ciudadanía
va a depositar sus votos “sumando” voluntades. No va a ser así. Y menos cuando
comienzan a revolearse nombres y “límites”.
¿Puede creerse realmente que un eventual votante de Solanas o de Tumini, por poner ejemplos podrían votar en una segunda instancia
por Lousteau o Sanz? ¿Puede pensarse en una unión de Macri en el mismo espacio
de Binner?
Estamos aún a tiempo de solucionar el error de los
personalismos de todo cuño. Sin dilación deben firmarse tratados básicos
refundacionales sobre los grandes temas que hacen a la vida de la República que
es trascendente y no de los apellidos, que son ocasionales.
Luego la ciudadanía será la que sabrá elegir en las urnas.
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