119.- APLAZADOS
Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor,
Ignorante, sabio, chorro,
Generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos, ni escalafón;
Los inmorales nos han igualao.
(Fragmento del tango “Cambalache” de Enrique Santos Discépolo)
¡Qué vigencia tienen las palabras de Discepolo! Fue una especie de filósofo y vidente del futuro social, en especial del argentino.
Si alguien se propusiera hacer las cosas tan mal no lo lograría con tanto éxito como el que se está logrando en nuestro país. Es cierto que la decadencia educativa no puede ni debe atribuirse exclusivamente a la “década ganada”. Comenzó unos cuantos años antes. Pero ocurre que ahora parece haberse encaramado al podio de la ineficiencia.
Los argumentos escuchados y leídos en los últimos días sobre la eliminación de los aplazos en la provincia de Buenos Aires oscilan entre lo trágico y lo cómico, pasando por la farsa, el absurdo y lo caricaturesco.
Desde cambiar escalas numéricas hasta abolir el tradicional y eficaz boletín de calificaciones. Para no herir la susceptibilidad de los niños y adolescentes ahora las notas se volcarán en una “Libreta de Trayectoria” y no se partirá del tradicional 1(uno) número maligno que podría alterar la psiquis infanto-juvenil, sino del 4 (cuatro) que es un número mucho más moderado a la vista y al oído.
Pero la Resolución no se queda con cosas pequeñas. Establece por ejemplo, que si un alumno dejara los estudios y los retomara años después, debe ser incorporado al grupo correspondiente a su edad cronológica y no al del nivel académico alcanzado. Convendría aquí, aconsejar a los niños, niñas y adolescentes (para estar de acuerdo con la nomenclatura en boga sobre uso del género) que  decidan dejar los estudios hasta los 22 años de edad, por elegir una cifra, y así se lo podría insertar en 3er. Año de Medicina o de Ingeniería, aunque no supiera leer, comprender, sumar y/o dividir (operación realmente compleja para la sensibilidad de alumnos y padres protestones y quejosos).
Si esto hubiera sido publicado en un ámbito humorístico, seguramente sería un boom artístico-literario. Pero es una resolución del Gobierno de la Provincia más poblada del país. Y para redondear el disparate hubo que escuchar a la Secretaria de Educación del distrito y al mismísimo gobernador tratando de explicar lo inexplicable con argumento tan enredados que nos hicieron acordar del dicho “Mejor no aclaren, que oscurece”.
Mientras tanto la Educación y la excelencia siguen divorciadas en  la Argentina.

Hasta la próxima. 

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