38.- GESTOS

La tragedia ha vuelto a sacudirnos. Y como cada vez que esto ocurre brotan mayoritariamente las actitudes solidarias.

Pero paralelamente resurgen los resentimientos que también nos separan. ¿Qué nos sucede a los argentinos? ¿Por qué esta constante y casi esquizofrenia que nos hace enfrentar ante los mínimos disensos?

El día martes 2 de abril llovió copiosamente en la Ciudad de Buenos Aires. Zonas antes aparentemente invulnerables se inundaron. Inmediatamente surgieron las voces disonantes contra la gestión de Macri y su equipo.  

Horas después llovió en cantidades inimaginables en la Ciudad de La Plata y sus alrededores. Los críticos de la primera hora debieron acallar sus voces o cambiar sus discursos.

Muchos de los que hablaron son en mayor o menor parte responsables de la falta de previsibilidad que acompañó al fenómeno atmosférico extraordinario.

Algunos funcionarios nacionales, provinciales y municipales estaban fuera del país. ¿Es criticable? ¿No era un feriado largo con “día puente” incluido? ¿O estamos presos en nuestro propio territorio?

Pasado el meteoro, comenzaron las palabras desmedidas, las presencias, las palabras, las reacciones de quienes lo habían perdido todo. Y como signo inequívoco del dolor apareció la muerte, hecho absolutamente irreparable.

Ante tanto dolor, seguía el enfrentamiento y las culpabilidades cruzadas –que las hay. En algunos casos pueden mostrarse obras realizadas. No alcanzaron. En otros casos, obras falsamente inauguradas y nunca concluidas. Por falta de avales crediticios en algunos casos. Por desvíos de fondos en otros. Malicia. Corrupción. Cada uno sabrá analizar qué sucedió en cada caso.

Pero en medio de todo este tembladeral político –porque no hay duda que lo hay- aunque todavía esté acallado por el impacto del duelo que estamos haciendo íntimamente, surgen los gestos. ¿Qué gestos? Los de los que acudieron de inmediato a donar tiempo, esfuerzo, alimentos, materiales necesarios…

Esos gestos son los que nos hacen pensar en que todavía queda una pequeña llamita de esperanza para que los argentinos nos reencontremos antes de caer definitivamente en el precipicio. Hasta la próxima. JNB (06-04-2013)

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