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VOX POPULI; VOX DEI.
La frase latina es
elocuente: “La voz del pueblo; la voz de Dios”.
Y el pueblo ayer alzó su
voz. La discusión sobre el número es irrelevante. De cualquier manera, más de
un millón de personas se movilizaron. También hubo manifestaciones en el
exterior frente a las representaciones diplomáticas.
¿Y ahora qué? Varios son los
análisis que se pueden hacer un día después de la manifestación del 18 A.
En principio, ¿cómo
reaccionará el gobierno nacional? Seguramente de la misma manera en que lo hizo
hasta ahora: ignorando el reclamo. La prueba evidente la tenemos en dos hechos
simbólicos y a la vez altamente significativos. El primero: simultáneamente al
reclamo popular, los legisladores dentro del recinto del Congreso daban media
sanción a las leyes que en forma de “paquete herméticamente cerrado” envió el
Ejecutivo sobre las graves e inconstitucionales reformas al Poder Judicial. El
segundo: también en paralelo a una de las concentraciones más grandes dentro
del período de la democracia recuperada, la Señora Presidenta apabullaba la red
con más de 60 twits de un vacío
conceptual asombroso. No es ignorando la realidad que ésta va a dejar de
existir.
La otra pregunta va referida
a la oposición: ¿qué hará con este
requerimiento de “Justicia”, “República”, “Constitución”, “Decencia”? No hay
dudas acerca del mensaje enviado. La gente reclama también la dignidad de los
políticos del arco de partidos de todos los sectores.
Esperemos entonces que todos
hayan tomado debida nota del reclamo. No sólo por el bien sino por la
subsistencia de la República que camina al borde de la disolución.
Estamos a tiempo. Pero el
tiempo no se detiene.
Sepan todos escuchar la VOZ
DEL PUEBLO.
Hasta la próxima.
Hasta la próxima.
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