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DIÁLOGO
El ser humano fue dotado de
las posibilidades de hablar y de oír. De escribir y de leer.
Esos cuatro procesos responden a condiciones
exclusivamente físicas e intelectuales. El hombre “armó” su aparato fonador
utilizando elementos de otros aparatos (digestivo: boca, lengua, dientes;
respiratorio: pulmones, nariz) sumados a esfuerzos y actividades musculares
(cuerdas vocales). Además utilizó su oído para establecer ese hecho de ida y
vuelta llamado “comunicación”.
Si nos quedáramos sólo con
esas habilidades, seríamos seres incompletos. El hombre, en sentido amplio,
debe sumar a ellas, las de comprender, pensar, elaborar, responder, acordar.
Esos pasos son algunos de los necesarios para establecer cabalmente lo que
denominamos un diálogo.
Dialogar no implica acatar
mansamente lo que se escucha o se lee. Es más, sería muy sano poder aprender a
discrepar, opinar, respetar al otro para que este proceso resulte fructífero.
Los empecinamientos o los
autoconvencimientos de ser siempre dueños de la razón y productores de “verdades
reveladas” son dañinos para las sociedades.
En momentos claves para la
salud de la república sería fundamental abrir una etapa amplia, sincera,
efectiva de diálogo. Un diálogo en el que sean escuchados y analizados los
argumentos de los gobernantes, pero también de los gobernados que hace menos de
dos semanas se han expresado a través de una forma particular del diálogo: el
voto.
Ojalá se abra esa etapa con
el eventual retorno a sus funciones de la Presidenta de la Nación.
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