85.- DIÁLOGO

El ser humano fue dotado de las posibilidades de hablar y de oír. De escribir y de leer.

Esos cuatro  procesos responden a condiciones exclusivamente físicas e intelectuales. El hombre “armó” su aparato fonador utilizando elementos de otros aparatos (digestivo: boca, lengua, dientes; respiratorio: pulmones, nariz) sumados a esfuerzos y actividades musculares (cuerdas vocales). Además utilizó su oído para establecer ese hecho de ida y vuelta llamado “comunicación”.

Si nos quedáramos sólo con esas habilidades, seríamos seres incompletos. El hombre, en sentido amplio, debe sumar a ellas, las de comprender, pensar, elaborar, responder, acordar. Esos pasos son algunos de los necesarios para establecer cabalmente lo que denominamos un diálogo.

Dialogar no implica acatar mansamente lo que se escucha o se lee. Es más, sería muy sano poder aprender a discrepar, opinar, respetar al otro para que este proceso resulte fructífero.

Los empecinamientos o los autoconvencimientos de ser siempre dueños de la razón y productores de “verdades reveladas” son dañinos para las sociedades.

En momentos claves para la salud de la república sería fundamental abrir una etapa amplia, sincera, efectiva de diálogo. Un diálogo en el que sean escuchados y analizados los argumentos de los gobernantes, pero también de los gobernados que hace menos de dos semanas se han expresado a través de una forma particular del diálogo: el voto.

Ojalá se abra esa etapa con el eventual retorno a sus funciones de la Presidenta de la Nación. 

 

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